viernes, marzo 31, 2006

La Guerra de los Mundos y las antiguas Guerras

Steven Spielberg prometió un film intenso y cumplió.

La película salta en, bang, bang, bang, una calamidad espectacular tras otra – rayos perforando New York como taladros neumáticos, veredas partiéndose al medio, masivas criaturas trípode tomando vida, y saliendo por debajo de nuestras calles para quemar y aniquilar a quien se les atraviese por delante.

“Son terroristas?” grita la adorable Dakota Fanning, como la aterrorizada hija de Tom Cruise quien es Ray Ferrier, un trabajador portuario de New Jersey. “Eh..., no, no son ni por asomo” dice Ray mientras trata de no perder la cordura y escapar con su familia intacta.

Cruise está justo en el personaje, haciéndole olvidar a uno de todas las pelotudeces que habla en la television sobre cientología y psicología. Pero aclaremos una cosa: según las críticas leídas, Spielberg está jugando con fuego, y no es la primera vez que esta obra causa conmoción. En 1898 la novela de Wells reflejaba la preocupación por la expansion alemana. La transmision radial de Orson Welles, en 1938, trajo el pánico por la inminencia de otra Guerra. (Ver comentario aparte) La película de 1953 habló sobre los temores americanos acerca de la invasion comunista. La de Spielberg es un recuerdo de nuestras ansiedades post 9/11.

Ray no es un gran padre, pero tiene a los chicos – la precoz Dakota y el adolescente Robbie (Justin Chatwin) – por el fin de semana, mientras su ex-esposa embarazada y su nuevo marido van a visitar a sus padres(un homenaje a la peli del ’53, ya que los padres son Gene Barry y Ann Robinson, la pareja de ese entonces) en Boston.

Cruise estará en contra de la psicología, pero esperemos que Ray haya ahorrado lo suficiente como para pagar la terapia que su hijita necesitará cuando todo termine.

Fanning, que con sus gigantescos y expresivos ojos azules vé escenas de carnicería que ningún chico soportaría, es la conciencia de la película. Por momentos se queda mirando como perdida, sin poder procesar el horror. Hay una escena donde Ray le tapa los ojos y le hace cantar una canción de cuna, mientras él rompe uno o dos Mandamientos.

Estos invasores no son marcianos, son “células durmientes” ocultas entre nosotros (una version de Al Qaeda) esperando activarse.

Como en otras películas, Spielberg, produce memorables impresiones con alucinantes toques surrealistas: Un tren corre envuelto en llamas, transportando muerte. Un río lleno de cadaveres flotando. Gente que después de haber sido chupadas por los aliens, sólo se vé la precipitación de sus ropas vacías, lloviendo del cielo (Otro recuerdo de la gente en caída libre desde el World Trade Center).

El mundo de “La Guerra…” es un lugar feo, donde los americanos se vuelven el uno contra el otro, como animales.

Tomasito Cruise será un tipo raro en la vida real, pero el personaje más raro y temible de la película lo trae Tim Robbins (casi recreando su personaje en “Mystic River”, pero más oscuro).

Steven nos trajo anteriormente a “E.T.”, “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo” y hasta “A.I.”, pero en ésta si intentás ser buenito con un alien, te arrancará la carne de los huesos y se tomará tu sangre. Incluso “La Lista de Schindler” dió una sensación de esperanza entre el holocausto, pero “La Guerra de los Mundos” sólo deja escombros.



“La” fin del mundo…

Cómo las noticias reportaron la “Guerra” en el ’38.

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Hace 67 años, la infame transmisión radial de “La Guerra de los Mundos” de Orson Welles aterrorizó a millones de escuchas, quienes creyeron que hordas de Marcianos asesinos habían tocado tierra en New Jersey en la tarde del 30 de Oct. de 1938.

Una dramatización radial de la novela de H.G. Wells, creó escenas de terror en New York, New Jersey, en el sur y hasta en el oeste, como por ejemplo, San Francisco.

William Herz, un viejo actor de radio de 89 años, quién recreó un pequeño papel en la transmisión de ese domingo, recuerda el momento en el que se dió cuenta del pánico se que había desatado en la nación:“No fue hasta que miré la puerta del estudio y ví un montón de azules (la policía)” dice Herz, que en ese entonces tenía 22 años y trabajaba part time en el Mercury Theater con Welles. “La policía vino porque alguien en CBS se puso nervioso con todas las llamadas que empezaron a entrar.”

La transmisión en vivo, desde un estudio de la CBS en el centro de Manhattan, había empezado como un programa musical que fue repentinamente interrumpido por un flash de noticias con boletines acerca de monstruos de Marte que estaban desintegrando ciudades con rayos mortales y aniquilando a la población con gases.

Los diarios reportaron que los aterrorizados ciudadanos se escondieron en sus casas, o corrieron a iglesias y estaciones de policía más cercanas, pensando que el fin había llegado.

Multitudes fueron tratadas por ataques de nervios e histeria, mientras que miles inundaron los diarios, radios y oficinas del gobierno con llamados telefónicos.

A pesar de haber hecho cuatro anuncios durante el show, advirtiendo que sólo era una dramatización, mucha gente no los escuchó, ya estaban nerviosos por las noticias acerca de la inminente Guerra en Europa. Debido a eso, los radioescuchas se la pasaban moviendo el dial preocupados por saber qué pasaba en el mundo.

Nadie en el estudio pensó que esa noche iban a hacer historia, ni siquiera Welles, que tenía 22 años y todavía tenía un largo camino antes de convertirse en la leyenda de Hollywood como actor y director de “Citizen Kane”. Igualmente, a pesar de no haberlo planeado de ese modo, Orson obtuvo un gran reconocimiento con ésto.

A pesar de que Welles se hizo famoso por ésto, los historiadores de radio dicen que él no se merece todo el crédito del impacto radial. El había estado ocupado toda esa semana con su trabajo en el teatro, y sólo se presentó para dirigir los ensayos y la transmisión. Y si se escucha la grabación, él telefoneó su parte (como el professor). Pero según dicen, él siempre tuvo un gran talento para promocionarse.

Welles tuvo muchísima suerte. En 1949, una transmisión de estilo similar al de “Guerra”en Quito, Ecuador, resultó con la muerte de 20 personas, cuando una multitud furiosa incendió la estación de radio. Otra, en Chile, terminó con una movilización militar.

Herz todavía recuerda cuando el pensó que hacer la novela de H.G. Wells como si fuera un informe noticioso, no tendría ningún éxito.“Yo pensé: Quién se vá a creer ésto?... Y cómo me equivoqué!”

Los radioescuchas de New York y New Jersey no fueron los únicos en sentir el pánico:

  • En Pittsburg, un hombre llegó a su casa en la mitad del show para encontrar a su mujer con un ataque de histeria y un frasco de veneno en la mano, mientras gritaba: “Prefiero matarme antes que morir así!”
  • Cientos de personas llamaron a las estaciones de policía en el area de San Francisco, ofreciéndose a ayudar para deshacerse de los malditos marcianos. En Oakland un hombre llamó a la policía preguntando: “Dónde puedo voluntariar? Tenemos que detenerlos!”
  • En Carolina del Norte, cinco estudiantes se desmayaron mientras sus compañeros se peleaban desesperados por los teléfonos, tratando de llamar a sus padres para que fueran a recogerlos.
  • Una mujer en Indianápolis entró a una iglesia gritando: New York está destruída! Es el fin del mundo! Vamos a morir, lo oí en la radio!!!”
  • La Compañía eléctrica de Providence, Rhode Island, recibió docenas de llamadas urgiéndola a cortar la luz, para evitar un ataque en la ciudad.
  • Aquí, en el viejo NY, cientos de doctores y enfermeras buscaron información sobre dónde ir para ayudar a las víctimas, y miles de efectivos de la Guardia Nacional llamaron para saber dónde debían reportarse a servicio.

Actualmente, nadie cree ni siquiera en su abuelita.

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