viernes, marzo 31, 2006

Larga vida al Rey Kong!

Scene from King Kong
KING KONG. Con Naomi Watts, Jack Black, Adrien Brody. Director: Peter Jackson (3:00).

La crítica del "King Kong" que se publicó en Marzo 7 de 1933, en la edición del Daily Variety llamó a la fantasiosa aventura una tonta trama "acerca de un mono de 50 pies de alto que vá tras una rubia de 5 pies."

Eso describe más o menos la remake de Peter Jackson, a pesar que Naomi Watts mide 5 pies con 5 pulgadas — toma el rol de carnada para monos Ann Darrow, que en la era de la gran depression personificara Fay Wray, medía 5 pies 3.

Pero donde las audiencias de 1933 fueran advertidas por los críticos del Variety de saber disculpar los “movimientos mecánicos” y la “atmósfera falsa” del film, la advertencia ahora es: ABROCHENSE LOS CINTURONES!!

El Kong de Jackson — El gorila gigante, sus movimientos atléticos y su lujurioso habitat en Skull Island — son tan auténticos como un ataque al corazón, el cual es el riesgo que se corre con esta peli. Afortunadamente, Watts, no grita tan fuerte ni tan seguido como Wray, pero el público llena ese vacío.

Qué película!

Así es como el medio nos sedujo originalmente, y ésta es la forma de continuar haciéndolo en éste competitivo siglo 21 donde reina la alta tecnología.

Y un Neozelandés lidera el camino.

La trilogía de "The Lord of the Rings" de Jackson cautivó las audiencias en el mundo entero, y "Kong" — utilizando la misma combinación de acción en vivo, captura de actuación y animación computarizada — mantiene fluyendo nuestra adrenalina.

Este espectáculo de más de $200 millones de verdes es gracioso cuando quiere serlo, emocionante cuando es necesario y triunfalmente sentimental a su fin.

Su poder emocional está en la convincente ilusión del mono en sí mismo. La cara del Kong del ’33 era una estática mascara de Halloween. La nueva, animada por computadora sobre la actuación en vivo de Andy Serkis (quien cumpliera la misma función para hacer Gollum en "Rings"), es la de una criatura viviente, pensante, palpable y enamoradiza.

Kong viene con una historia de violencia, grabada en las cicatrices que cubren su cuerpo. Como el Rey de una jungla perdida en el tiempo, Kong ha tenido que pelear para mantener su icónico status entre la población de la isla, quienes se vieron obligados a construír una masiva muralla entre ellos y él, y al mismo tiempo intentan calmarlo con periódicos ofrecimientos, sacrificando vírgenes (Naomi? Ja!).

Es en una de sus vueltas por el altar de sacrificios que Kong se queda helado por la vision de una desesperada rubia blanca. Es Ann Darrow, la ascendente co-estrella de un drama selvático filmado por el legendario showman Carl Denham (Jack Black) y la reciente noviecita del escritor Jack Driscoll (Adrien Brody).

Por la próxima hora y 20 minutos del film, Kong se enfrentará a monstruos y humanos de gatillo fácil para mantener a su premio consigo y seguro. Y ella — a diferencia de la Darrow de Wray— aprenderá a apreciar el tener a un tipo grandote a su lado cuando los dinosaurios le quieren masticar los pies.

La tension sexual entre Kong y Ann fue más marcada en la version del ‘33. No hay nada en la nueva como Kong quitándole la ropa a Ann, olfateándole los harapos. (O manosearle los pechos, como le hiciera a Jessica Lange en la olvidable version de 1976, donde tuvimos a un espectacular Kong robotizado.)

Pero el amor de Kong no deja de ser correspondido. Jackson, quien escribió el guión con sus colaboradores de "Rings" Fran Walsh y Philippa Boyens, ha optado por una tradicional historia de amor estilo Bella-y-la-Bestia, alterando el punto de vista de Ann llevándola de corderita horrorizada a madre protectora.

El lazo que se forma entre ella y el mono en la jungla, justifica por sí solas a las climáticas escenas en New York, donde, después del desastroso debut de Kong en Broadway como la Octava Maravilla del Mundo, él la toma y escala el edificio Empire State Building en busca de la seguridad que tuvieran en Skull Island.

Esta es la escena más loca, esperada y emocionante del año.

Tal como las escenas de Kong y la jungla son espectaculares, la más grande maravilla del film está en la recreación de una Manhattan en la era de la Depresión. Mostrar un Times Square en vestuarios del período y a todo color, con cientos de autos en las calles, parece casi imposible. Y las imagenes aéreas sobre el Empire State contra el paisaje más plano de esa época, quita el aliento.

Hay errores ínfimos que apenas se notan. Watts encuentra la mezcla perfecta de credulidad y pasión, pero Brody está completamente desaprovechado como Jack Driscoll, y la movida cómica de Black parece demasiado contemporánea para ese período. Además, algunas de las secuencias de acción — y el extenso ensamble de monstruos — son exageradas. (En una entrevista el ahora flaco Peter Jackson declaró que su film era en parte un homenaje a Ray Harryhausen, creador de miles de monstruos en stop motion, a la técnica de los filmes de “Jurassic Park” de Spielberg, y al Kong original de Merian C. Cooper). Pero, no se olviden que esto es una “tonta trama” sobre un grandísimo mono que se enamora de una rubia — lo que quiere decir es que todo es aceptable y todo es la magia del cine.

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