No vayan a este “Hostel”
HOSTEL. Con Jay Hernandez, Derek Richardson. Director: Eli Roth (1:34).
En el cine donde vi Hostel pasaron siete avances o trailers. Seis anunciaban películas de horror. Se armó la competencia para ver quién hace la más horrorosa.
La semana anterior, Wolf Creek sobrepasó los límites del sadismo. Pero lamento informar que, al lado de Hostel, WolfCreek se quedó como Blanca Nieves y los siete enanitos.
Pero Hostel no muestra las garras de inmediato. Es engatusadora. Esta película de horror empieza como comedia estilo American Pie. Durante una hora, tira el anzuelo semiporno apuntando a un público viril y juvenil.
Hostel arranca con Jay Hernández y Derek Richardson, dos turistas en gira marihuanera y prostibularia a través de Europa. En Amsterdam, se enteran de que en las afueras de Bratislava hay un pueblo donde las orgías no tienen fin. Allá se van a pernoctar en una residencia estudiantil donde hay más mujeres desnudas que cuartos habitables. Los huéspedes se las reparten en tríos y cuartetos. Son el sueño hecho carnal realidad: ambulantes posters desplegables de Playboy, sin el broche en el centro de la página.
Antes de que se inicie la peregrinación de adolescentes a este inventado paraíso y antes de que la República Checa le ponga pleito por difamación a los cineastas, hay que advertir que el edén es problemático. No está muy claro en el oscurísimo guión, pero tal parece que ignotos ricos depravados pagan fortunas para ver cómo torturan a los incautos visitantes en lóbregas mazmorras subterráneas.
Los verdugos tienen a su disposición un surtido arsenal de instrumentos con los que les arrancan pedazos a sus víctimas. Por las losas embarradas de sangre hay que caminar con cuidado para no tropezar con manos o dedos cercenados, porque en estas cuevas el deporte favorito es el descuartizamiento, mientras más lento y doloroso, mejor.
A Derek lo destripan y a Jay le cortan tendones para que sólo logre escapar arrastrándose por mohosos pasillos. Logra rescatar a una japonesita a la que, por desdicha, le sacaron un ojo con un destornillador. Planeando la fuga en una estación ferroviaria, la chica percibe que se ha quedado tuerta y opta por suicidarse ante una locomotora, no sin antes inundar la pantalla con litros de salsa de tomate.
Quentin Tarantino produce y presenta esta carnicería, escrita y dirigida por su protegido Eli Roth (Cabin Fever). Bien fotografiada y mejor editada. Hostel demuestra que Roth sabe hacer cine y por eso el filme es tan horripilantemente efectivo. Entre escalofríos y arcadas, vale la pena preguntarse adónde vamos a parar. En un tiempo corrió la leyenda de los snuff films, donde se decía que de veras mataban a los actores. Ya poco les falta.
Hostel recaudó $20 millones y en su semana de estreno ocupó el primer lugar del escalafón taquillero. Es prácticamente inevitable que continúe la masacre con Hostel 2. Por si acaso, el reparto deberá exigir seguro de vida como cláusula adicional antes de firmar contrato. Tal como van las torturas, no es paranoia laboral, sino prudencia.
BLOODRAYNE Con Kristanna Loken (T-3), Ben Kingsley, Michael Madsen. Director: Uwe Boll (1:34) El mismo tiempo que la anterior!!!!

Se puso los Dracu-dracu!!!
Qué justo que el director Uwe Boll ("House of the Dead") haya escogido una peli de vampiros como su ultimo proyecto - el hombre tiene una carrera que, a pesar del horror que él continuamente inflige a los aficionados al cine inocentes, simplemente no morirá.
Y mientras no hay ninguna diversión en la mediocridad, el absurdo es otra materia. Boll es el mejor haciendo lo que él hace, y lo que él hace es hacer películas realmente terribles.
Tomando nuevamente su inspiración de un juego de video, Boll nos tira en el medio de la Antigua Rumania, donde los extras vestidos en ropas desechadas de una Feria del Renacimiento, están siendo aterrorizados por el super-vampiro Kagan (Ben Kingsley debería vender su Oscar en eBay, si necesita tanto el dinero).
Su hija separada, Rayne (Kristanna Loken), un híbrido de vampiro humano, tiene la intención de terminar su dominación con la ayuda de los más grandes cazadores de vampiros del país (Michael Madsen y Michelle Rodriguez, paralizados por la vergüenza). Mayormente, todos se trenzan en peleas con espadas, corren por castillos medievales o divagan estupideces sobre talismanes y azufre.
En el dominio del mal gusto, Boll se ha convertido en un sabio maestro. Con éstos standards, "BloodRayne", con sus interpretaciones terriblemente atroces, su desnudez totalmente gratuita y pelucas ridículas, es su trabajo más fino hasta el momento.




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